12.11.14

De Westy a Le Carrito Boutique, una serie de eventos desafortunados (Parte 1)

Todo empezó en 2011 con un episodio de un programa llamado Fashion Hunters, donde visitaron una curiosa e innovadora boutique montada en un camión tipo lonchera, de esos que vende tacos de pescado, flautas u otro antojito. La idea me pareció original y divertida, el furor de los food trucks apenas comenzaba, sonaba práctica y posiblemente económica, por aquello de ahorrar en renta, luz y otros detalles que implica estar en un local establecido, además la ventaja de poder llevar el producto a diferentes zonas de la ciudad. Sonaba bien, sonaba prometedor y fue el Styleliner el que sembró la idea y empezó todo:


En cuanto vi aquel episodio supe que quería hacer algo parecido. Pero ¿por dónde empezar? Mi primera preocupación fue cómo iba a manejar un vehículo de semejante tamaño, acostumbrada a manejar autos pequeños. Ya me había hecho a la idea de que tendría que aprender a mover y, aun más preocupante, a estacionar un camión cuando mi esposo encontró el auto perfecto para este proyecto: una Volkswagen Westfalia.




Sí, parecía perfecta. Con el tamaño ideal para no temer manejarla, muebles interiores que funcionan igualmente para guardar como para exhibir mercancía, espacio suficiente para estar dos personas paradas cómodamente en su interior y poder dar un trato personalizado, motor en excelente estado pues los dueños anteriores disfrutaron en ella varias vacaciones y viajes a la Baja...



  
Empecé a trabajar en ideas de diseño, buscando como modernizar su interior respetando su estructura y mobiliario original; investigando aquí, cotizando allá y en el ínter paseando en la camioneta para probarla y acostumbrarnos a ella. Sería el ultimo paseo antes de empezar con la remodelación, porque una vez que estuviera lista, los viajes se limitarían a trabajo. No había duda, parecía perfecta hasta que cambió de dueño, hasta que llegó a nosotros. 
 

Decidimos viajar a Universal Studios; de ida fue un viaje fluido, divertido pero el regreso fue de terror ya que se averió la transmisión al salir de Los Ángeles, regresamos con mucho trabajo y "en segunda" en un transmisión manual lo recuerdo bien, fue Día del Padre y el inicio de otros sucesos desafortunados.

Después de la transmisión siguió la “computadora”, no se nada de mecánica pero la Westy, como le decimos de cariño, no prendió por más de seis meses, fue una frustración compartida entre el mecánico, que no sabía por qué no podía hacerla funcionar cuando él mismo había diseñado y armado el motor, y nosotros que simplemente no veíamos el momento, solo veíamos como la alcancía se iba vaciando… 

Por fin prendió, lo mecánico estaba listo, ahora tocaba el turno a lo estético:  carrocería, tapicería y rotulación; estaba cada vez más cerca su lanzamiento, o al menos eso creíamos…


Hasta aquí la dejamos. Nos encontramos el viernes para seguir contándote esta serie de eventos desafortunados pero con final feliz. 

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