14.11.14

De Westy a Le Carrito Boutique, una serie de eventos desafortunados (Parte 2)

Pensamos que lo siguiente sería un proceso más rápido. Los muebles fueron pintados mientras se arreglaba lo mecánico y el diseño del rótulo se trabajó antes del viaje del terror, así que solo era cuestión de una “manita de gato” a la carrocería, después a la tapicería para instalar los muebles y revestir algunas partes del interior, un poquito de piso laminado y ¡listo!, fácil. Pues no, la Westy estuvo en la tapicería más de seis meses y otros seis más con el carrocero, tres cuando salió del mecánico y otros tres cuando regresó de la tapicería, porque cada que cambiaba de mano regresaba con nuevos rayones y abolladuras.





Cuando llegó el momento de contactar a la empresa de rótulos nos topamos con otro inconveniente: opción A, la que considerábamos favorita por precio y calidad, estaba cambiando de giro, opción B ya no trabajaba rotulación vehicular, la opción C no quería dar comprobante y nada por escrito, muy sospechoso...




Sabíamos que no iba a ser fácil, que comprar un auto clásico, porque no le voy a decir viejo, traería sus consecuencias y más porque deseaba conservarlo lo más original posible, pero también sabíamos que los resultados iban a ser únicos y ningún auto nuevo nos iba a dar la personalidad y el concepto que buscaba por lo tanto hicimos “de tripas corazón” y hoy tengo el espacio para mi tiendita exactamente como lo imaginé. Todos aquellos eventos desafortunados, al final, valieron la pena.


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